Estancia San Agustín - Criadero de Caballo de Paso Peruano Ona Leku

Estancia San Agustin

El mundo nos pide caballos sólidos

He leído, con no poca sorpresa, el artículo publicado en el número 20 de esta prestigiosa revista, firmado por el Ing. José Risso Matellini, en el que sostiene que los caballos de hoy son más sólidos que en la década del 50.

No pretendo polemizar con Don Pepe, a quien admiro como criador. El dedicó su vida a mejorar la raza, obteniendo grandes éxitos y aportando a la misma, reproductores de gran trascendencia; pero sobre todo, guardo por él y su familia una especial estima. Sin embargo, creo que el tema de la solidez de nuestra raza y de los concursos como orientadores de la crianza y su influencia sobre la misma, merecen un profundo análisis.

Recordemos que en la década del 40, la raza se encontraba en una absoluta anarquía y totalmente depreciada en todas sus virtudes, motivo por el cual, un grupo de criadores, llevados por la necesidad de rescatar al caballo peruano de paso, fundaron la A.N.C.P.C.P.P. Es muy probable entonces que en aquella época, los caballos hayan sido más débiles que los actuales, siendo éste uno de los factores que se debía mejorar, sin que esto signifique que los animales con que contamos hoy se destaquen por su fortaleza.

Es necesario traer a la memoria que, desde su origen y durante mas de dos siglos, este caballo le sirvió a nuestros antepasados para recorrer miles de Km. en sus permanentes viajes. En lo que hace a nuestra cría, desde Salta viajaban a Lima y viceversa, y a Potosí y de allí a Charcas y en fin, por toda la extensión del inmenso Virreinato. Estas travesías se realizaban con cierta frecuencia, fundamentalmente por motivos comerciales, las más de las veces, arreando las mulas que se invernaban en Salta, comercializando aproximadamente 60.000 acémilas por año. Es evidente entonces, que una de las características imprescindibles, yo diría vital, de nuestra raza en sus orígenes era la fortaleza.

Como ejemplo, transcribo un párrafo de “Anales de agricultura de la República Argentina”, publicado en 1874, donde el Sr. Ramón Zuviría escribe un artículo acerca de su cría de caballos en Salta. Describiendo una yegua de su propiedad dice”.......se desarrolló tan bien que a los seis años de edad puedo decir sin exageración que no he visto en Lima, Chile, Bolivia ni en Buenos Aires, donde últimamente he estado, animal mejor por su estampa, mansedumbre, brío, velocidad en el paso braceado y fortaleza; pues en nueve horas hizo una vez una jornada de 34 leguas de mal camino, repitiendo al día siguiente igual jornada, sin haber sentido gran fatiga y sufrido en su salud; en otra ocasión marchó 14 leguas de malísimos caminos en tres horas, igualmente sin fatiga”. Quiero aclarar que el único medio de transporte de que disponía el Sr. Zuviría para visitar todos esos lugares, era el caballo.

A partir de la fundación de la A.N.C.P.C.P.P., se inició un proceso de recuperación de la raza y, a través de los concursos, es enorme la tarea que se realizó en aras de la homogeneización del tipo y sobre todo del piso del caballo peruano de paso.

Ahora bien, en los últimos 50 años, la demanda del mercado estuvo orientada a la creación de nuevos criaderos cuya misión era la de producir ejemplares para la participación en los concursos. Es así que los criadores, nuevos y viejos, se abocaron a mejorar cabezas, cuellos, grupas, aplomos y fundamentalmente buscaron la exquisitez de pisos, que es lo que distingue, por sobre todas las cosas, a nuestra raza de las demás.

Desde hace un tiempo ya, el mercado, comenzó a generar una nueva demanda que es potencialmente muchísimo mayor a la anterior. Miles y miles de usuarios en el mundo, disfrutan del caballo en cabalgatas y pruebas de endurance, en donde nuestra raza tiene una inmejorable oportunidad de incorporarse,. ya que es indudablemente, el mejor caballo de silla que existe, pero que requiere que todos los que tenemos responsabilidad en la cría, nos aboquemos a recuperar su rusticidad, factor que supo poseer, para poder obtener así, ejemplares capaces de resistir las pruebas que la nueva hora exige.

Si alguien quiere adquirir un caballo para correr carreras, la referencia del mejor estará dada por el cronómetro; si lo quiere para saltar, seguramente buscará las líneas de sangre que tengan mejor perfomance saltando las vallas; pero si lo quiere para cabalgar, no tiene ninguna referencia cierta que nosotros podamos, seriamente, ofrecerle para garantizarle que podrá disfrutar del caballo por mucho tiempo. Los capones son los más adecuados para este fin, pero es impensable producir capones verdaderamente fuertes, de progenitores que no lo son.

Los caballos de silla de otras razas, con las cuales debemos competir, comienzan su pico de rendimiento entre los 6 y 7 años y se mantienen en ese nivel de exigencia hasta los 16 o 17 años.¿ Podemos nosotros ofrecer lo mismo?. Honestamente creo que no.

Con el correr del tiempo, los concursos, por medio de los parámetros de juzgamiento establecidos, nos han entregado ejemplares ganadores de categorías y aun campeones que, en teoría, significaron el norte hacia donde dirigir nuestra crianza. Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje de esos animales “exitosos”, puede ser montado, sin ningún problema, por un par de horas, después de cumplir 15 años. Por el contrario, cuando tenemos en nuestro criadero algún ejemplar que, superando esa edad está en plenas facultades, nos sentimos orgullosos de poseerlo y si analizamos su participación en los concursos en sus años de esplendor, nos encontraremos con que, en la gran mayoría de los casos, no superaron un 3° o 4° puesto; o sea que los jueces, que no son adivinos, no pudieron valorar esta condición de rusticidad que hoy nos hace sentir tan ufanos. ¿No es ésta una realidad objetiva? ¿Es que acaso no advertimos que nuestros caballos duran cada vez menos?

Es por ello que considero que los concursos, como están instrumentados hoy, ya cumplieron acabadamente con su objetivo y deben modificarse a fin de que sirvan como orientadores de la crianza en estos nuevos tiempos, ya que así, no dan respuesta a los requerimientos actuales. En este sentido, soy de la opinión que para poder concursar, los reproductores machos, deberían recorrer no menos de 150 Km. en tres jornadas. Una vez llegados al destino, deberían ser revisados por un veterinario oficial, siendo autorizados a participar en los concursos, sólo aquellos que no presentasen lesión alguna, manteniendo luego los criterios de juzgamiento actuales. Los potros que superaran satisfactoriamente la prueba, podrían concursar indefinidamente sin necesidad de repetir la misma. Por otra parte, los Registros Genealógicos deberían aceptar como reproductores sólo aquellos potros que hubieren cumplido con la mencionada marcha. De esta manera, paulatinamente, se iría recuperando genéticamente la solidez necesaria. Es probable que existan otras soluciones al problema. Yo planteo ésta por estar convencido que es una contradicción absoluta que, por un lado, sostengamos que el caballo peruano de paso es, sin lugar a dudas, el mejor caballo de silla del mundo y por el otro, que no podamos disfrutar de esa suavidad por varios años por no poseer longevidad con función. Nuestros caballos para poder ser acreedores al título de “mejor caballo de silla del mundo”, deben acreditarlo caminando y para poder lograrlo, los debemos ayudar seleccionándolos en base a su fortaleza.

Estoy seguro de que, a priori, mi propuesta será resistida porque en apariencia afecta muchos intereses, sobre todo económicos, pero con el correr del tiempo, estoy convencido de que, una vez que hagamos el esfuerzo, podremos ofrecer al mundo un caballo con la garantía que podrá resistir las pruebas que le sean exigidas y que además será útil por muchos años. Con estas características reincorporadas, se multiplicará ostensiblemente la demanda, aumentando por ende, considerablemente, su precio.

Considero que es muy importante que pongamos en la mesa de las discusiones estos temas pues, si no nos sinceramos y no reconocemos que tenemos un problema, que es serio, por resolver, esta maravillosa raza que tenemos en nuestras manos no tiene destino. El mundo nos está pidiendo un caballo para disfrutar y nosotros sólo le ofrecemos una mascota, muy fina, siempre lustrosa y encarnada para admirarla alrededor de una pista.

Amigos criadores, no perdamos la oportunidad de hacer conocer al mundo, que el mejor caballo de silla, EL CABALLO PERUANO DE PASO, también puede caminar con solvencia y solidez por muchos años.

Carlos Lecuona de Prat
Salta-Argentina
Publicado en Made in Perú en 2004 y en la revista del Concurso de Tucumán 2005.

 

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